Bogotá. Momentos después de descender del avión que trasladó a los 15 ex rehenes rescatados por el Ejército colombiano, Íngrid Betancourt relató su rescate.
La ex cautiva llegó a una base capitalina y se fundió en un emotivo abrazo con su madre, Yolanda Pulecio, y su esposo, Juan Carlos Lecompte.
Al iniciar su narración dijo: “Agradezco a Dios primero y, segundo, a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones, pensaron en mí y me tuvieron en su corazón; que de pronto sintieron compasión por nosotros los secuestrados, y nos hicieron vivir en sus vidas”.
“A todos ustedes colombianos que hicieron que estuviéramos vivos y, de alguna manera, el mundo se enterara de lo que nos estaba sucediendo. Gracias al Ejército mío, de mi patria Colombia, a su impecable operación. La operación fue perfecta”.
“Yo le debo mucho a los medios de comunicación; si no hubiera sido por ustedes, probablemente no estuviera viva”.
“Esta mañana, a las cinco de la mañana oía a mi mamá que iba a tomar avión a Francia; oía a mi hija Melanie; e iba a la China; a (mi ex esposo) Fabrice, diciendo que había foto mía en una cumbre en Montblanc, en Francia... pensé: bueno, de pronto no hay nada; de pronto esta vez no es para mí”.
“Después nos hicieron empacar los equipos; estuvimos esperando todo el día no sabíamos qué, y una hora antes el comandante Asprilla me habló, y dijo que todos íbamos a subir a un helicóptero, pero con un jefe o un mando. Le pregunto que si Alfonso Cano o el Mono jojoy y me dijo que probablemente a otro sitio...”
Sonido la emociona
“Oímos los helicópteros y miré para el cielo, y pensé: que curioso, porque, por primera vez..., cada vez que los oigo se me acelera el pulso, y tenía que recoger el equipo”. “Nos hicieron cruzar el río, llegamos a un sitio, todos con un guardia guerrillero armado al lado”.
“Llegaron los helicópteros y salieron unos personajes surrealistas... señores vestidos con logos que los certificaba ser delegados de no sé qué cosa. Miraba y pensaba: y éstos que comitiva internacional... será que nos van a poner de payasos en otro nuevo circo. Yo no quiero prestarme para esto”.
“Después nos dijeron que teníamos que subir esposados, y eso fue muy humillante... Cerraron las puertas del helicóptero y, de pronto, vi al comandante que por cuatro años estuvo al mando de nosotros, que tantas veces fue cruel, humillante y déspota; lo vi en el suelo, en pelota... le di gracias a Dios que estaba con personas que respetan la vida de los demás, aun cuando son enemigos, y el jefe de la operación dijo: ¡somos del Ejército nacional, y están en libertad”.
“El helicóptero casi se cae, porque todos saltamos, gritamos, lloramos, y no lo podíamos creer”.
“Gracias al Ejército mío, de mi patria Colombia, a su impecable operación. La operación fue perfecta.” ÍNGRID BETANCOURT, EX REHÉN DE LAS FARC
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